Fidelismo español en las islas

Chiloé y sus tierras aledañas fueron el último bastión español en el país, manteniendo su vínculo con la corona hasta 1826. No obstante, la nostalgia monárquica perduraría hasta bien avanzado el siglo XIX en varias comunidades, en la corriente de opinión que ha recibido el nombre de fidelismo.

Por los lugares mencionados, es probable que las narraciones de Francisco Vidal Gormaz (1871) y Eduardo Iriondo (1867) se refieran a los mismos hechos acontecidos en la Isla Tabon después del Combate de Abtao del 7 de febrero de 1866. El relato de José Emilio Pardo de Figueroa corresponde al 2 de marzo del mismo año en el lugar denominado como Puerto Oscuro (Huite), comuna de Quemchi, Chiloé.

Extracto de “Chiloé” por Charles Darwin, 1834:

“El distrito de Cucao es el único punto habitado de toda la costa occidental de Chiloe. Contiene unas 30 a 40 familias indias, esparcidas sobre cuatro o cinco millas de la costa. Estas familias se encuentran totalmente separadas del resto de la isla, y por eso efectúan poquísimo comercio; venden, no obstante, algo de aceite de foca. Esos indios se hacen sus propios vestidos y van bastante bien ataviados; disponen de alimentos en abundancia y sin embargo no parecen hallarse satisfechos; son tan humildes como es posible serlo. Sus sentimientos provienen, a mi parecer, de la dureza y brutalidad de las autoridades locales. Nuestros acompañantes, muy corteses con nosotros, tratan a los indios como esclavos más bien que como a hombres libres. Les ordenan que nos trajeran provisiones y nos entregaran sus caballos, sin dignarse decirles lo que les pagarían, ni siquiera si se les pagaría algo. Nosotros, que permanecimos tan solo con esas pobres gentes una mañana, pronto nos hicimos amigos dándoles cigarros y mate. Se repartieron en partes iguales un terroncito de azúcar y todos gustaron de el con la mayor delicadeza. Después los indios nos expusieron numerosos motivos de queja, acabando siempre por decir ’nos tratan así porque somos pobres indios ignorantes; pero eso no ocurría cuando teníamos rey.’” (p.45)

Extracto de “Esploracion de la costa de Llanquihue i archipiélago de Chiloé” por Francisco Vidal Gormaz, 1871:

“Los indios de la isla Puluqui (indios tan solo por su tipo característico i su ignorancia, pues todos hablan el español ignorando el huilliche, su antiguo idioma) tienen aun mui arraigadas sus simpatías por el monarca español, i “esperan por horas”, segun su propia espresion, que el reí de España venga a visitarlos i a hacerlos cambiar de bandera; pues así, dicen, se lo ofrecieron los de las fragatas, cuando estuvieron en Tabon.

Largas conversaciones que hemos tenido con algunos de ellos, sobre todo en Llaicha, con un indio vecino de la isla Tabón que se espresaba con increíble entusiasmo i una fe ciega sobre la próxima venida del monarca, nos han convencido de la ridícula esperanza de esos desgraciados seres, no menos que de las causas de que provienen sus simpatías por el réjimen monárquico.“ (p.31)

Extracto de “Historia de la Guerra de España en el Pacífico” por Pedro de Novo y Colson, 1882:

Del Diario de la Campaña de Pardo de Figueroa -2 de marzo de 1866 (Chiloé). A las tres de la madrugada llegó el bote de ronda conduciendo a un anciano chilote (natural de Chiloé), el cual dijo que por su amor al Rey de España y su cariño a los españoles, se exponía a perder la vida para anunciarnos que no bajásemos a tierra, pues nos esperaban 200 chilenos armados y escondidos entre los árboles, que tirarían sobre nosotros si poníamos un pie en la playa. Su aviso fue cierto y nos aprovechó. – Era este buen chilote un hombre de más de 60 años que se acordaba de los buenos tiempos del Rey y suspiraba porque volvieran. – Sabía leer y escribir, enseñado por sacerdotes españoles. Dijímosle que en España había reina, y que el rey de quien él hablaba se murió. Le enseñamos una fotografía de S.M. y al verla dijo “Dios bendiga a la niña, que ya debe tener hijos a quienes Dios bendiga”. – Yo creo que pocas bendiciones habrá recibido la reina tan sencillas y tan de corazón como la del chilote Mateo Lectuma, que así se llamaba. -Lo mismo que piensa este, piensan todos los naturales de Chiloé.“ (p. 392)

Extracto de “Impresiones del viaje de circunnavegación en la fragata blindada Numancia” por Eduardo Iriondo, 1867:

“Las fragatas volvieron entonces a la isla de Tabon y fondearon en una de sus ensenadas , desde donde se descubrían al Norte el fuerte abandonado y la población de Calbuco. Con el objeto de adquirir noticias y algunas reses se mandaron a tierra dos botes armados, que fueron muy bien recibidos por los chilotes ; quienes advirtieron lo primero el peligro que la Blanca corría en el sitio donde estaba fondeada, que a la bajamar se quedaría en seco ; y así en efecto se notó desde abordo, y la fragata tuvo que enmendarse dos veces seguidas. Se calculó que la diferencia de mareas pasaba de 30 pies.

Una embarcación del país comunicó también por la noche con la fragata de la insignia , y de todo lo que los insulares digeron, se vino en consecuencia que el enemigo había sufrido mucho en Abtao, y que en la actualidad se hallaba en el estero de Huito , al Norte de Calbuco , cuya entrada había defendido con un fuerte y obstruido con el casco de la corbeta América, muy mal parada de resultas de aquel combate; advirtiendo además que no había agua bastante para la Numancia.” (p.182)

Extracto de “El Retrato del Rey” por Abraham de Silva y Molina, 1894:

“—Como usted sabe, señor, mi padre fué sargento del Ejército Real de Chiloé y, después de la batalla de Bellavista, antes que pasarse á los republicanos prefirió arar la tierra y sembrar papas. El pobre viejo trabajaba todo el día. Nosotros éramos muy pequeños aún y en nada podíamos ayudarle.

Después que volvíamos de la escuela, al cerrar la noche, nos poníamos que á jugar en un rincón de la cuadra, mientras mi padre descansaba sentado al lado del brasero. Mi madre trabajaba en su costura y afuera llovía que era una maravilla. El agua azotaba las ventanas y la casa toda se estremecía al furor del temporal.

Entonces mi padre nos decía:

— «Muchachos: voy á mostrarles el retrato del Rey.»

Inmediatamente dejábamos nuestros juegos y corríamos al lado de mi padre, que con un aspecto solemne se levantaba de su silla, abría una grande y antigua caja de madera en que guardaba sus mejores cosas y sacaba una cajita que parecía haber sido el estuche de alguna alhajilla.

Ahí estaba el retrato del Rey.

El famoso retrato no era otro que una moneda de plata de un real, acuñada en el siglo pasado y con la efigie del Rey Don Carlos III.” (p.4-5)

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Imagen de portada: Bandera Coronela del Batallón de Veteranos de Castro, Chiloé 1812-1826 (Fuente)

Referencias:

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