Corrales de Pesca en Puerto Montt

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Extracto de “Esploracion de la costa de Llanquihue i archipiélago de Chiloé” por Francisco Vidal Gormaz, 1871:

“Las riberas (del canal Tenglo) en muchos puntos se observan cubiertas de corrales de pescar, construidos con piedras o estacadas de madera entretejidas con ramas de árboles rústicos, aparatos de que se sirven algunas jentes para cojer el pez. Mas, como hemos mencionado los corrales en muchas ocasiones, daremos aquí una idea del procedimiento empleado por los pescadores.

La pesca puede decirse que solo la ejercen en el invierno, i hasta cierto punto tienen razón para ello tratándose de efectuarla por medio del corral. Las noches en esa estación son largas, mui oscuras i las aguas del mar se elevan mas que en el verano por la presión que ejercen sobre ellas los vientos del cuarto cuadrante prevalescentes en esa época. Por otra parte, en el invierno los madereros se encuentran en sus casas, por no poder trabajar en sus labranzas; lo poco que bajan las mareas no les permite mariscar en abundancia, i en fin, la escasez de alimentos para los perezosos o la falta de tino en consumir sus víveres en muchos de ellos, los reduce a la necesidad de ocuparse de pescar para la manutención de la familia.

La pesca por medio del corral ofrece algún interés: tiene sus preocupaciones, i la manera de ejercerla pone de manifiesto el grado de cultura de los isleños proletarios, como asimismo su intelijencia cuando pueden sobreponerse al ocio habitual que los domina. El uso de la red se va jeneralizando mucho; pero los que emplean tal elemento son una escepcion i no nos ocuparemos de ellos. Trataremos tan solo del corral.

El corral no es otra cosa que una pirca de piedras redondeadas i de acarreo, en que abundan las playas, colocadas unas sobre otras i sin ninguna argamasa. Las pircas son semicirculares i encierran una basta estension del desplayo del mar. Su colocación respecto al nivel de la pleamar es vária. Ordinariamente los hacen al nivel de media marea; pero hai muchos corrales construidos a baja mar, dependiendo su colocación de la naturaleza de la marina, de su mayor o menor abundancia de plantas, etc. La altura de la pirca varia entre un metro i uno cincuenta centímetros.

Los corrales de hoi son los mismos de los antiguos indios: se renuevan de cuando en cuando para enmendar los destrozos del tiempo, operación que solo tiene lagar en el invierno i cuando se trata de pescar en fuerza de las necesidades apremiantes de la escasez

La pesca por medio del corral, prescindiendo de las escepciones, solo comienza con el novilunio de mayo i termina con el de setiembre, esto es, se pesca en cinco temporadas del año siendo la duración de cada una de 4 a 6 días. La falta de luz en las mareas nocturnas permite al pescado que salve sin temor la barrera del corral, empujado por la creciente de las aguas, i distrayéndose en busca del alimento que les proporcionan las playas o los acarreos del arroyo que se vácia en el corral, no atiende al lazo que lo encierra i condena a quedar en seco con la vaciante del mar.

Por consiguiente, las mareas nocturnas son las mas adecuadas, i las creces del invierno las mas aparentes al objeto. Los flujos de los meses de junio i julio son los mas interesantes para los pescadores, porque el pez, a mas de encontrarse gordo, lleva consigo el cuñen, o sea, sus huevos en sazón, de que hacer mucho aprecio El mes de setiembre no es apropósito: comienza la incubación de los huevos, el pez se enflaquece i se retira a playas solitarias; tal, al menos, es la opinión de personas observadoras i que creemos fidedignas.

Enmendado el corral, esperan las mareas del novilunio, que deben verificarse poco mas o menos a la media noche, las cuales les ofrecen los primeros tributos Pero en la renovación del corral se observan ciertas ceremonias acompañadas de algunas preocupaciones, de las que se resienten todos los pescadores, mas en los isleños raya en lo ridículo.

Terminada la operación del corral se procede a castigarlo por medio de los mismos operarios que trabajaron en él. Cada individuo se provee de un manojo de ramas de laurel con el cual golpean la pirca hasta destrozar su haz, concluyendo por enterrar el resto de dichas ramas al canto interior del muro i hacia el centro del arco que forma el corral. Esta operación, calificada por castigar, no les da cuenta del objeto que ella tiene, no obstante de que el castigo es cosa indispensable.

La causa de tal proceder es la de sembrar de fragmentos el interior del corral, como asimismo el embadurnar las piedras con el aromático zumo del laurel, verdadero anzuelo que echan al pez i que debieran calificar por “poner la carnada”. Esta operación, como dejamos dicho, la ejecutan sin darse cuenta i siguiendo tan solo una vieja práctica de los indíjenas.

La preocupación en que creen firmemente es la de que ninguna mujer que se encuentre en estado interesante (de embarazo) debe tomar parte en los trabajos de levantar el corral, ni tampoco el que pase por él ninguna vecina que se halle en igual caso. Si tal sucediese, el pescado no entraría en la prisión, “andaría muí voyante o se volvería agua”. Pero hai mas aun; ni el jefe de la familia cuya esposa se halle como se ha dicho, puede emplearse en la confección del corral, so pena de que éste no produzca fruto alguno i el trabajo sea perdido. Cuando esto ocurre, no hai pesca, compran el pez a los vecinos, i llevan tan lejos sus ridículas preocupaciones, que los hombres no son admitidos a la pesca aun cuando se ejerza por medio de la red. De consiguiente, pocos son los hábiles, i muchos los que, encontrándose imposibilitados para cooperar en tales faenas, pasan su tiempo en el ocio.

Terminados los cortos quehaceres de levantar el corral, al comenzar las mareas de las sizijias el dueño desciende a la marina cuando calcula que el corral está próximo a hacer mepul, esto es, el momento en que comienzan a aparecer sobre la superficie de las aguas las piedras superiores de los dos estremos de la pirca. Al bajar a la playa se va provisto de un mechiu (tizon encendido) i de algunos hachones de lino, junquillo o quilas secas.

Cuando ya el corral queda con poca, agua encienden sus hachones i se lanzan sobre él para cojer el pez, que queda preso en las pozas o charcos donde concurren al notar que se les retira su elemento. Esta sencilla operación dura un momento, regresándose los pescadores a sus casas después de hecha la presa, conduciendo cada uno su huech o huell, como llaman la sarta de pejerreyes, robalos i congrios, que confeccionan para mejor conducir el pez. Tal sucede en las mareas chúmes, o sea, aquellas que se verifican a la media noche sin luna i por consiguiente felices al pescador.

Con esas mareas el operario se ve en el caso de trasnochar; pero después de pocos días en atención al atraso diario que esperimenta el flujo, el momento de hacer mepul se atrasa también hasta tener lugar próximo al cuarto de la luna, esto es, de 4 a 5 de la tarde i a iguales horas de la mañana; mas cuando la luz del día alumbra el mepul, el pez abandona los corrales.“

Fuente Imagen: Wiki Commons, Isla Caguach.

Referencias:

  • Vidal Gormaz, Francico (1871). Esploracion de la costa de Llanquihue i archipiélago de Chiloé. Disponible en Google Books.

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