Cementerio de Caicaén

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El cementerio de Caicaén es una zona típica, resguardada (?) por el Consejo de Monumentos Nacionales, ubicada en el sector rural de Caicaén en la comuna de Calbuco.

La historia señala que en 1602, luego de la destrucción de la ciudad de Osorno, el grupo de indígenas huilliche que ayudó a los españoles sobrevivientes a escapar de la ciudad recibió en agradecimiento las tierras del sector de Caicaén en la isla -en ese entonces- del mismo nombre, a la vez que se les dio la categoría de indios libres no sujetos al sistema de encomienda. De esa forma se convertirían en una suerte de guardia fronteriza en los extremos del Imperio español frente a las incursiones de corsarios y a las rebeliones de tribus indígenas enemigas. Apreciados por los españoles y en parte rechazados por otros grupos huilliches, con el tiempo pasarían a ser conocidos como los indios reyunos de Calbuco, debido a su fidelidad a la corona.

Una vez asentados en el sector de Caicaén, procederían a construir una capilla para celebrar los ritos católicos y un cementerio donde enterrar a sus difuntos. Por la falta de sacerdotes en la zona la capilla sería regida por un fiscal, tradición que se mantiene hasta el día de hoy. Sin embargo, la característica más destacada del lugar es la antigua costumbre de enterrar a sus muertos en dirección al oeste. De origen huilliche, esta práctica se realizaba para que las personas mirasen hacia el ocaso del día en el ocaso de sus vidas. Caso aparte era el de los niños, quienes por haber fallecido en el amanecer de sus vidas eran enterrados con las tumbas mirando hacia el este, es decir, en la dirección por la que nace el sol.

Esta tradición se podría vincular, de alguna forma, con la antigua creencia mapuche de que las ánimas al morir eran trasladadas por distintos seres sobrenaturales a la orilla al otro lado del océano, por lo que eventualmente en este lugar podrían haber estado esperando ese viaje.

Actualmente el sitio sigue siendo usado con los mismos fines de hace cuatro siglos, aunque la capilla que acompaña al cementerio ha sido reemplazada en múltiples ocasiones y pareciera estar próxima a ser sustituida nuevamente por una construcción “moderna”. Como señal de la importancia del lugar hoy sólo existe una pequeña estatua de madera representando a un indígena, acompañada de una placa de su nombramiento como monumento nacional.

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Referencias

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